viernes, 18 de junio de 2010

Comunión para la misión: la lucha contra Educación para la ciudadanía

Los seguidores de mi blog, habréis notado que desde hace un tiempo no hablaba de EpC (educación para la ciudadanía). Alguna mala experiencia me había apartado de hablar del tema. Hoy quiero usar mi blog para dejar paso a las palabras de un excelente padre y profesor, muy comprometido con la educación, que me ha dado permiso expreso para publicar su articulo. Lo copio exactamente como lo ha escrito, pues en otro medio de comunicacion muy leido, le han censurado mucho el articulo, incluso tergiversado alguna frase.
Ahi va:

Uno de los fenómenos más sorprendentes de la experiencia cristiana es la capacidad de crear lazos afectivos que trascienden los mismos vínculos familiares. La conciencia de ser un pueblo con un destino común es una realidad que compartimos muchos de los que participamos, por ejemplo, en aquel encuentro de 1982 con Juan Pablo II en el Bernabeu, o en el Monte del Gozo en 1989, o en Czestochowa en 1991… cientos de miles de jóvenes vivíamos la conciencia de ser un solo pueblo, una fraternidad, una sola familia. Difícil de explicar la profundidad de estas experiencias que ahora forman parte de la memoria colectiva de los católicos de esa generación.
Estas vivencias han marcado un espíritu de comunión que nos ha capacitado profundamente para la misión: Cuando en Toledo se inició la movilización contra Educación para la ciudadanía, cientos de padres secundaron inmediatamente los consejos de las asociaciones que denunciamos la intromisión del gobierno. Aunque había personas de las más dispares procedencias (de fuera y de dentro de la Iglesia) no puedo olvidar el hecho de que muchos de los ejemplos más heroicos y comprometidos procedían de personas que sencillamente respondían a aquél espíritu de comunión grabado a fuego durante los años de juventud. Esa comunión suscitaba una confianza firme surgida en nuestra amistad, desde la fidelidad y la lealtad. En el resto de España, desde experiencias tal vez diferentes, también hubo un eco sin precedentes a la totalitaria imposición ideológica del gobierno.
Del mismo modo que aquellas Jornadas Mundiales de la Juventud supusieron una antes y un después en el sentir de la comunión eclesial de nuestra generación, las movilizaciones ciudadanas recientes (contra el aborto o contra la Ley de Educación especialmente) han supuesto también un punto de inflexión en la conciencia de misión, de responsabilidad frente a la cuestión política.
Sin embargo en esta lucha cívica conviven muy diversas sensibilidades. No solo intervienen ciudadanos de diferentes confesiones o conciencias ideológicas, sino que también entre la gente de iglesia ha habido una significativa diversidad en la identidad y en los criterios metodológicos. Fruto de ello son las diferentes agrupaciones y “bifurcaciones” de estas movilizaciones. Muy recientemente muchas plataformas de padres objetores se desvinculaban de una de las asociaciones que habían tenido protagonismo en la lucha. El motivo: el quebrantamiento de la confianza y lealtad entre las personas que es el criterio irrenunciable del espíritu de comunión al que me refería más arriba. Varios de los miembros directivos de esa asociación de la que se desvincularon pertenecen a una organización que actúa de modo secreto ocultando sus objetivos y estrategias. Cierto es que en estas movilizaciones a nadie se le preguntaba sobre su identidad o pertenencia (aunque en algunas de las plataformas eludir esta pregunta resultaba un “requisito” muy sospechoso). Pero cuando la pertenencia a una organización que oculta sus segundas intenciones se pone por encima de la confianza y lealtad entre las personas, en definitiva, por encima de la comunión, entonces se está pervirtiendo gravemente la identidad eclesial. El más grande de los ideales pierde su autenticidad cuando utiliza como instrumento de poder la confianza de las personas. Pues no es posible la misión sin la comunión. Y ésta no es una conquista de la voluntad del hombre sino un don que recibimos de lo alto.
Por eso ni el mesianismo político ni el religioso están legitimados para suplantar la libertad de las personas; una libertad que es restringida cuando se les oculta información esencial para su trabajo.
Con todo, lo más grande sigue siendo verdadero y es descubierto por su belleza: que cientos de padres siguen luchando y afanándose en dar testimonio de la libertad. Una libertad que es posible solo y exclusivamente por la verdad: “la verdad os hará libres”. Que el error de unos pocos no ha contaminado este grito de libertad que exige transparencia. Y esto es lo que entiendo han sabido hacer personas como los miembros de esas plataformas: garantizar la transparencia de intenciones a los padres que pusieron su confianza en ellos. Y no son las únicas, otras asociaciones y plataforma han hecho lo mismo. Por eso, la lucha por la libertad no solo sigue intacta sino que se siente avivada por nuevos retos como la ley del aborto. La intromisión del gobierno en la educación sexual de los menores exige de nuevo la comunión leal que nos capacita para la misión. Para ello unos y otros debemos luchar unidos desde la transparencia
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Fernando López Luengos
Vicepresidente de la asociación de profesores Educación y Persona

domingo, 6 de junio de 2010

La sabiduría se ser padres


Hace muchos años, cuando mi mente y mi cuerpo empezaban a demostrar que la niñez iba desapareciendo, pero aun no tenía lucidez para distinguir el bien del mal, recuerdo que me molestaba mucho que mis padres “eligieran” mis amistades. Que las investigaran, que supieran quienes eran sus padres, su familia… y encima que se permitieran decirme “hija, la amistad de esa persona no es conveniente para ti”. Incluso no me dejaban participar de actividades o asociaciones aunque supieran su fin. Pero aunque parezca mentira, aunque yo me revelara por fuera, interiormente siempre hice caso a mis padres. Y fui dejando crecer la distancia entre las amistades “potencialmente peligrosas” para mi edad.
Así, pasaba el tiempo, y al mismo ritmo mi crecimiento como persona se iba llevando a cabo. Y no tardé en descubrir porque mis padres no veían clara mi amistad con determinadas personas. Algunas de ellas fueron madres muy precozmente, otras nunca más se supo, alguna incluso decidió acabar con su vida… ¿lo sabían mis padres? Indudablemente no, pero su experiencia de vida le hacían ver más allá. Yo siempre agradecí estos consejos.
Justamente en estos dias, papá hubiera cumplido años, aunque ahora ya no pasa el tiempo para él.
Aunque si para mi, y ahora soy yo la madre. Intento ayudar a mis hijos, pero desde aquí quiero reconocer que me encantaría haber contado con el consejo de mis padres en alguna otra ocasión, incluso en mi vida adulta. ¿Es tarde? No, seguramente no, incluso pienso que aun desde el cielo siguen susurrándome “cuidado, hija”. Y así, a veces, no he sabido rodearme de amistades. ¿He fallado? Indudablemente no, pero la diferencia es que ahora tengo la suficiente madurez para incluso en la equivocación, saber reconocer lo bueno que toda amistad lleva consigo. Mas allá de lo que entraña cada relación, está la persona, a la que hasta ahora, he sentido siempre un deseo de amar desinteresadamente. Esto me ha supuesto algún dolor de corazón, pero desde luego, no voy a renunciar a seguir amando a cada persona que me encuentre en mi camino, sea o no conveniente su amistad. No puedo elegir la persona que se cruza en mi camino, pero si puedo elegir libremente hasta donde voy con ella en ese camino. Y aunque no decida ir más allá del presente escalón, siempre elegiré estar ese momento dispuesta a dar mi vida por ella. Y si me la roba, que Dios le perdone.
Papá, mamá, gracias por susurrarme y seguir aconsejándome a través de la oración. Y seguid así, a mi lado cada vez que os necesito.

jueves, 3 de junio de 2010

En el aniversario de Victor, una fiesta


Estos días miraba las nubes en el cielo azul. Parecían perfectas, de un algodón acolchado para sujetar y sostener ángeles sobre ellas. Y pensaba especialmente en alguno: en Víctor, un precioso angelito que estos dias cumplimos su llegada hace seis años al cielo. Y me imagino las fiestas que últimamente estará organizando con sus abuelitos y otros angelitos. Y es que Víctor verá como sus padres en pocos días van a abrazar a su hermana Inés Lu. Una preciosa niña que Rosa y Roberto llevan mucho tiempo esperando y que por fin llegará a su casa en pocos días. Yo he compartido muchas de las dificultades que estos años han surgido retrasando la llegada de Inés Lu, y ahora puedo imaginar a Víctor como ha intercedido en este tiempo para hacer realidad la llegada de su hermanita y que llene de felicidad a sus padres.
Gracias Víctor, celebraremos la llegada de Ines Lu y recordaremos tu sonrisa, tus ojitos como si estuvieras aquí con nosotros. Yo noto tu cercanía.