domingo, 15 de enero de 2012

EL ÚLTIMO DE LOS GRANDES

Hace un mes que el abuelo Salvador se nos fue al cielo, y en la misa que celebramos para dar gracias a Dios por su vida entre nosotros, el sacerdote, gran amigo de él, quiso leer esta carta que había escrito el día que nos despedíamos de él.
La comparto con todos los que seguis el blog, pues me ha parecido preciosa. 

EL ÚLTIMO DE LOS GRANDES


                                                                                  Por D. Bernardo Velasco, sacerdote.
A Salvador Domínguez en el día de su entierro, 14 de diciembre de 2011

En AMAR DE COLORES  del mes de diciembre he escrito a Salvador una carta, así titulada:
“A Salvador”. Fue lo último que leyó – o le leyeron – y sé que le gustó, le recordaba el inicio de nuestra amistad y el cultivo de ella por más de 35 años. Hoy estamos en el templo ante su cadáver, ha muerto el último de los grandes del MCC . Hubo en la Escuela una edad de oro y Salvador fue uno de los puntales, todos se fueron ya y hoy se va él, el último de os grandes; después hemos venido otros más mediocres.













En este momento de dolor nos alegra saber que el MCC tiene un grandísimo intercesor ante Dios, junto a San Pablo el Patrono. Descansa en paz, Salvador; junto a tu cadáver, el dolor nos invade pero no nos vence, porque desde tu ejemplo en la vida, en la enfermedad y en la muerte, lloramos esperanzados.
A los 83 años - diez días le faltaban para haberlos cumplido -, Salvador ha nacido a la vida nueva. ¿Sabéis que Jesús de Nazaret y Salvador Domínguez celebran su cumpleaños el mismo día, el 24 de diciembre? Toda su vida ha trabajado por la vida teniendo como centro a Jesucristo Resucitado, se ha desvivido por dar vida, y a partir de hoy goza plenamente de esa vida y de ese Cristo Vivo. Se nos adelantó en el camino: hoy Salvador ha estrenado eternidad.
Estamos celebrando sus exequias: tenía yo una hermana religiosa cuyo funeral celebré con ornamentos blancos – no sé qué opinaron los liturgistas -, pienso que hoy tenía que haber sido lo mismo, porque “el que entrega su vida por amor la gana para siempre”, dice el Señor: Salvador ha entregado su vida al prójimo, o mejor, se ha hecho prójimo en su vida, se ha “aprojimado” por amor a todos cuantos ha podido. Yo, que he trabajado con él, doy fe. 















Estamos en Adviento, Salvador ha vivido, como la Virgen, siempre en actitud de adviento, siempre esperando al Señor, siempre allanando caminos y rellenando barrancos para que viniera el Mesías y, cuando ha venido, Salvador le estaba esperando con una espera activa: desde su sillón de enfermo, con el brazo en cabestrillo y sus tremendos dolores, no estaba pasivo, sino que rezaba sin parar por su Escuela de Cursillos, por su parroquia, de la que fue del primer grupo de feligreses, por Vida Ascendente, el grupo cristiano al que él animaba – no lo gustaba decir que lo presidía - , por su familia, por Carmina, a la que ahora le va a costar acostumbrarse a vivir sin él. 
 













Anoche mismo, ella y yo junto a la cama del moribundo, me decía: “Hemos estado juntos toda nuestra vida, yo tenía 17 años y él 20 cuando nos unimos en el amor novial, que duró 9 años, y luego otros 54 de matrimonio, en el que hemos sido muy felices”.  
 Hermanos:
  •  si la palabra ESPERANZA tiene sentido cristiano, hoy nos llena de esperanza su muerte,
  •  si él supo, pudo y quiso vivir de cara a Jesucristo, nosotros también podemos… si queremos,
  •  si PREPARAR LA VENIDA del Mesías es la actitud de adviento, el ejemplo de Salvador nos enseña cómo se vive este tiempo litúrgico, y cómo se prepara en cristiano la Navidad,
  •  si la palabra AMOR es la que llena y da sentido a una vida, entendemos que la madurez de Salvador a la hora de su muerte ha sido total, solo ha sabido amar y enseñarnos cómo se ama viviendo y cómo se vive amando.
Descansa en paz, Salvador. Ahora que estás junto al Padre, háblale de quienes seguimos aquí esperando.
    Que así sea.

Aclaraciones: Amar de colores es la revista mensual que edita el Movimiento de Cursillos de Crisitandad (MCC) de Jaén.

viernes, 6 de enero de 2012

martes, 3 de enero de 2012

¿Existen los Reyes Magos?


Los Reyes Magos existen
Por José Ignacio Munilla. Obispo de San Sebastián.

“Desde muy pequeño, siempre fue un misterio para mí eso de que nuestras madres tuviesen la satisfacción de servirse la cabeza y el espinazo del pescado o el trozo del bizcocho que había salido ennegrecido del horno…
¡Qué suerte que, casualmente, a ellas les gustase todo lo que era despreciado por nosotros! ¡Qué suerte que nuestras madres no se pusiesen nunca enfermas y no necesitasen permanecer en cama, como con tanta frecuencia nos ocurría a nosotros!
A nada que uno fuese un poco observador y que tuviera un mínimo de sensibilidad, terminaba por descubrir que allí había truco, y que tanta armonía familiar no podía ser casual. Claro que, siempre habrá algunos que, a pesar su mayoría de edad, sigan llamando “suerte” y considerando como “un derecho”, todo aquello que no es sino producto de un amor gratuito e inmerecido hacia ellos.
Estos últimos suelen pensar que sus padres les mintieron con la magia de los Reyes Magos. Su insensibilidad y dureza de corazón les impide entender que LOS REYES SON VERDAD.
Están lejos de comprender que la bondad auténtica no se publicita, sino que gusta de permanecer oculta, conforme al ideal que nos propuso el mismo Jesucristo:
“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.  Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;  así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mt. 6, 1-4).
En contra de lo que suele afirmarse, la magia del día de Reyes está más en los padres que en los niños. El milagro del amor, que cada 6 de enero visualizamos de forma muy particular, consiste en hacer el bien permaneciendo en la sombra. Esa es exactamente la clave y la razón de ser de San José en el misterio de Belén y de Nazaret, dicho sea de paso.
Tengo un amigo que suele decir que, para que una familia “funcione”, hace falta que haya en ella, por lo menos, un “tonto”. Pero, para que la familia “sea feliz”, es necesario que haya tantos “tontos”, como miembros. Lo que mi amigo entiende por “tonto”, es bastante evidente: aquel que sirve a los demás, olvidándose de sí mismo; aquel cuya felicidad consiste en hacer felices a los demás…
Las aplicaciones prácticas de este principio de salud familiar para la vida matrimonial, son y deberían ser muchas y muy concretas. De sobra sabemos que cuando la propia comodidad y el egoísmo se convierten en motor de la existencia, la supervivencia del matrimonio está en grave peligro. De poco servirán en esas circunstancias, los planteamientos reivindicativos del reparto de tareas domésticas u otros discursos similares.
La salud del matrimonio y de la familia no puede basarse en un consenso de mínimos, que no dejará de esconder un pacto de egoísmos. La magia del matrimonio es la misma que la magia de los Reyes Magos. Frente a quienes buscan su felicidad mirándose al ombligo, atrapados por una esclavitud egocéntrica, los esposos realizan el ideal de las palabras evangélicas: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mc. 10, 39).
Sin embargo, es un hecho que, suele resultar más fácil poner en práctica este principio espiritual de entrega y de olvido de uno mismo, con los propios hijos, que dentro del matrimonio. ¿Quién no ha escuchado expresiones del tenor de “A mi marido lo encontré en la calle, pero mi hijos han salido de mis entrañas”?
El amor hacia los hijos es más instintivo que el amor esponsal. De lo cual se deduce que, es más fácil hacer de Rey Mago con los hijos que con la esposa o el esposo.
Sin embargo, difícilmente nuestros padres podrían ejercer coherentemente con nosotros de Melchor, Gaspar y Baltasar; si previamente y, al mismo tiempo, no fueran el uno para el otro: María para José, y José para María.
Su regalo para nosotros está fundamentado en el regalo mutuo de sus vidas. ¡Lo hemos visto en tantos episodios de la vida familiar! ¡Lo estamos comprobando en tantas obras de caridad, en el seno de la Iglesia! ¡Lo percibimos en nuestra sociedad, en tantos testimonios públicos y, sobre todo, anónimos…!
Sí, es cierto, no lo dudes…, ¡los Reyes Magos existen!”
José Ignacio Munilla. Obispo de San Sebastián.