Conchita García
13 de mayo de 1932 – 11 de diciembre de 2013

Con 35 años conoció el Movimiento de los Focolares, un momento que ella calificaría de decisivo en su vida; una vida vivida con pasión en la que sería su vocación: la de voluntaria. Así era Conchita, vivía con una enorme libertad por todos los que tenía a su alrededor y de manera especial, por los más pobres, ya fuera material o espiritualmente.
Hace años le presentaron una familia compuesta por una madre y sus tres niños, a punto de tener el cuarto. Comenzó así una historia de amistad profunda; cuánto luchó por ellos, cuántos momentos a su lado frente a tantas dificultades de todo tipo; removió todo lo que pudo hasta conseguirle un piso de protección oficial, una casa digna donde pudieran vivir. Un amor que no se limitó a lo material sino también a acompañarles y a cuidar de su alma, hasta el punto que esta señora fue una de las últimas que habló con Conchita y que la echa de menos como a una madre.

Fue muy valiente en todas sus decisiones y se sentía movida por la voluntad de Dios, como dice la frase del Evangelio que ella consideraba el lema de su vida: “La voluntad de Dios me ha enviado aquí”. Participó en el Foro sobre Población y Desarrollo en El Cairo, en el de Pekín sobre “La mujer en el año 2000”, en el de la F.A.O. en Roma sobre el hambre en el mundo.

El último período de su vida, con la enfermedad que le impedía cualquier actividad, transparentaba su amor a Jesús Abandonado, su amor a cada uno que la visitaban; ofrecía su sonrisa, como alguien ha escrito: su total adhesión a la voluntad de Dios.