Domingo de Pascua: Es el triunfo de Jesús resucitado que conocemos y revivimos también en nuestra pequeña experiencia, después de haber abrazado el abandono, o cuando, unidos de verdad en su nombre, experimentamos los efectos de su vida, los frutos de su Espíritu.
El Resucitado debe estar siempre presente y vivo en nosotros en este año en que el mundo espera no sólo personas que crean y lo amen en cierta medida, sino testigos auténticos que puedan decir con toda verdad, como la Magdalena a los apóstoles después de haberlo encontrado junto a la tumba, esas palabras que conocemos, pero que son siempre nuevas: “¡Lo hemos visto!”.

Chiara Lubich